Yolandita falleció el 14 de abril a las 4:00 PM.
Como por arte de magia o de un poder sobrenatural, tuve la oportunidad de verla y de despedirme de ella el 17 de marzo.
Fue un golpe verla en su estado de amnesia total. Sentadita en una silla de ruedas, movía la cabeza de un lado a otro sin fijar la vista en nada. Cuando llegamos, Nella le estaba dando la comida con una cuchara; ella apenas recibía cada bocado completamente perdida en quién sabe qué nebulosa. Yo la había visto hacía un año, y entonces todavía respondía con monosílabos. Aunque no reconociera a las personas al menos fijaba la mirada. Verla así me causó un impacto profundo.
Yolandita representó tanto en mi vida durante los dos años que vivió con nosotros, cuando Victoria tenía entre dos a cuatro años. Yo intentaba en vano, culminar mi tesis de doctorado; Roberto viajaba constantemente y trabajaba en múltiples proyectos. Yolandita fue un solaz y una gran ayuda para mí. Me enseñó a cocinar delicias peruanas, me ayudó con Victoria y se convirtió en su querida “Mamamama”. Me brindó justo lo que yo mas necesitaba en esa época: tiempo y espacio para terminar mi tesis, mientras ella se ocupaba de la casa y de Victoria. Consentía a Robertito, quien se deleitaba con las delicias que ella preparaba. Fue una época linda porque además, gozábamos yendo de garaje sales y de tiendas de segunda mano, que a ella le encantaban. Cuando ella se fue a vivir con Eliana en Orlando, nos hizo una gran falta.
Ese día recordé todos esos momentos, mientras la veía postrada en esa silla incapaz de responder a ninguna señal. En un momento tuve un momento a solas con ella, me le acerqué y le hablé con cariño. Evoqué algunos de los recuerdos que nos unían en un intento de despertar una chispa en algún lugar de su obnubilada memoria. Le mostré unas fotos de Victoria en el celular. Le dije, “¿Sabes que Victoria se casó?” En ese momento ella pareció reaccionar. Miró la pantalla del celular. Yo seguía diciendo: “Esta es Victorita con su marido. ¿Ves qué guapo es?” Ella reaccionó y en un breve murmulló repitió “guapo, pues”. O al menos eso me pareció oír. Luego le mostré fotos de Roberto y de nosotros, a las que no prestó mayor atención.
Eliana llegó en ese momento y decidimos cantarle su canción preferida. Historia de un amor era la canción de Yolandita, una que le recordaba algún novio de un pasado remoto. Comenzamos con la consabida melodía: "Ya no estás a mi lado corazón…" Apenas si mostró un pequeño grado de interés, pero se quedó quieta escuchando, como hilvanando algún sentido. Fue en medio de la canción que Yolandita pareció reaccionar y empezó a tararear las notas: "Es la historia de un amor como no hay otro igual, que me hizo comprender todo el bien, todo el mal, que le dio luz a mi viiiiida..." En ese instante, ella articuló fielmente las notas y se reconectó con el presente y con nosotras con una sonrisa de lucidez. Cuando entonó "¡Ay que noche tan oscura, sin tu amor no viviré!", era ella, otra vez: Yolandita. Se hizo la luz y ella se sintió presente y real. La música tuvo el efecto de activar, en cuestión de segundos, las neuronas perdidas en su mente.
.La canción terminó y el hechizo desapareció.
De regreso a su cuarto. Rubén y Eli se hicieron cargo de prepararla para dormir. Al despedirme, me acerqué a ella, ya tendida en su camita. Le acomodé las muñecas que la acompañaban de noche. Le dije: “Yolandita gracias por todo tu cariño, tu ayuda, tu apoyo. Robertito, Victoria y yo te queremos mucho”. No sé qué más dije, pero sé que fue con todo el sentimiento surgido de la convicción de que esta era la despedida final. Ella me miró fijamente en medio del abrazo y las lágrimas que nublaban mis ojos, y me respondió, “Te quiero mucho también”.
Tengo presente esos últimos momentos de despedida con Yolandita. El 4 de abril Eliana me contó que ella tuvo un derrame, y quedó en coma; ya sabíamos que era el fin. Murió el 14 de abril tras pasar diez días en coma, sin ningún alimento, aferrada a la vida con una tenacidad inusitada. Me queda el consuelo de haber tenido esta oportunidad de decirle adiós en vida. Este es mi homenaje a Yolandita. Conservo su recuerdo de esta última “Es la historia de un amor como no hay otro igual….”