Marjory's obituary
Marjory Melinda Byler died peacefully at her home in Vallejo, California, on Nov. 1, 2024, at the age of 77, after living with pancreatic cancer for over two years.
Marj was born in Carlos Casares, Argentina, in 1947, the second child of North American Mennonite missionaries Frank Byler and Anna Hallman. After some time living in the towns of Bragado and Trenque Lauquen, the Byler family moved in 1962 from Argentina to Montevideo, Uruguay to be part of the Mennonite Theological Seminary community. Marj attended university in the United States, graduating from Goshen College in 1969. In 1971, she married her husband, David Rutschman, also a child of Mennonite missionaries, in Montevideo, where they lived together and gave birth to their eldest son in 1974. Marj and David were active in the underground opposition to the military dictatorship ruling Uruguay at the time, and in 1975 felt the need to self-exile with a wave of other Uruguayans who were fleeing to Argentina. Their son Mark was born in Argentina in 1976. In 1979, at the height of the Dirty War, they left Argentina with their two young sons. Marj’s formative years living under U.S.-sponsored repressive regimes in Uruguay and Argentina, alongside friends and neighbors who would be imprisoned and tortured, were a source of her heartfelt and lifelong passion for the work of defending human rights.
Marj eventually settled with David and their sons in Albuquerque, New Mexico, where they found and built deep community as members of the Albuquerque Friends Meeting. In Albuquerque, Marj obtained an MA in Adult Teacher Education from the University of New Mexico.. She taught English as a Second Language and developed and managed bilingual programs in the Albuquerque Public Schools. During these years, Marj began to volunteer with Amnesty International, work that eventually blossomed into a decades-long professional career in human rights. This work led her and David to move in 1988 to Chicago, Illinois, where she served as Director of the Midwest Region of AIUSA and forged many deep and lasting friendships. After more than a decade with AIUSA, she partially relocated in 2002 to split time between Chicago and London so that she could serve as the Senior Director for International Mobilization at Amnesty’s International Secretariat. Over the course of her work with Amnesty, Marj visited dozens of countries, inspiring countless people and mentoring activists throughout the world.
Retiring after over twenty years with Amnesty, Marj moved with David to Vallejo, California, to be nearer to her sons’ growing families and her four beloved grandchildren. During that time she took up occasional consulting work and continued her activism by volunteering with organizations like the American Friends Service Committee as a member of the Board.
Marj was a tireless activist, a passionate mentor, a charismatic and engaging speaker and writer, a loyal friend, a lover of mystery novels, black tea, and asado, and a loving, warm and sensible presence in every room she entered. She was tidy and smart. She listened deeply. She delighted in flowers. She was a devoted wife, mother, and grandmother. Her love for the world was fierce and clear, and lives on as an example to those she leaves behind.
She is survived by her husband David, her sons, daughters-in-law, four grandchildren, and four dear siblings. We all will miss her tremendously for the rest of our lives, and feel profound gratitude to have known her.
Margarita Melinda Byler murió en paz en su casa de Vallejo, California, el 1 de noviembre de 2024, a la edad de 77 años, después de vivir con cáncer de páncreas durante más de dos años.
Margarita nació en Carlos Casares, Argentina, en 1947, la segunda hija de los misioneros menonitas norteamericanos Frank Byler y Anna Hallman. Tras un tiempo viviendo en las localidades de Bragado y Trenque Lauquen, la familia Byler se trasladó en 1962 de Argentina a Montevideo, Uruguay para incorporarse a la comunidad del Seminario Menonita de Teología. Cursó estudios universitarios en Estados Unidos, graduándose en Goshen College en 1969. En 1971, se casó con su marido, David Rutschman, también hijo de misioneros menonitas, en Montevideo, Uruguay, donde vivieron juntos y dieron a luz a su hijo mayor en 1974. Margarita y David participaron activamente en la oposición clandestina a la dictadura militar que gobernaba Uruguay en aquel momento, y en 1975 sintieron la necesidad de autoexiliarse con una oleada de otros uruguayos que huían a Argentina. En 1976, nació su hijo Marcos. En 1979, en plena Guerra Sucia, abandonaron Argentina con sus dos hijos pequeños, David y Marcos. Los años de formación que Margarita vivió bajo los regímenes represivos patrocinados por Estados Unidos en Uruguay y Argentina, junto a amigos y vecinos que serían encarcelados y torturados, fueron la fuente de su pasión sincera y de por vida por la labor de defensa de los derechos humanos.
Margarita finalmente se estableció con David y sus hijos en Albuquerque, Nuevo México, donde encontraron y construyeron una profunda comunidad como miembros de la Junta de Amigos de Albuquerque. En Albuquerque, Margarita obtuvo una maestría en Educación de Maestros Adultos de la Universidad de Nuevo México. Enseñó inglés como segunda lengua y desarrolló y gestionó programas bilingües en las escuelas públicas de Albuquerque. Durante estos años, Margarita empezó a trabajar como voluntaria en Amnistía Internacional, labor que acabó convirtiéndose en una carrera profesional de varias décadas en el ámbito de los derechos humanos. Este trabajo les llevó a ella y a David a trasladarse en 1988 a Chicago, Illinois, donde trabajó como Directora de la Región Medio Oeste de AIUSA y forjó muchas amistades profundas y duraderas. Tras más de una década en AIUSA, en 2002 se trasladó parcialmente para repartir su tiempo entre Chicago y Londres, de modo que pudiera desempeñar el cargo de Directora Principal de Movilización Internacional en el Secretariado Internacional de Amnistía. A lo largo de su trabajo con Amnistía, Margarita visitó decenas de países, inspirando a innumerables personas y sirviendo de mentora a activistas de todo el mundo.
Al jubilarse tras más de veinte años en Amnistía, Margarita se trasladó con David a Vallejo, California, para estar más cerca de las crecientes familias de sus hijos y de sus cuatro queridos nietos. Durante ese tiempo, trabajó ocasionalmente como consultora y continuó su activismo como voluntaria en el Consejo Directivo del American Friends Service Committee.
Margarita era una activista incansable, una mentora apasionada, una oradora y escritora carismática y atractiva, una amiga leal, una amante de las novelas de misterio, el té negro y el asado, y una presencia cariñosa, cálida y sensible en cada habitación en la que entraba. Era ordenada e inteligente. Escuchaba con atención. Le encantaban las flores. Era una esposa, madre y abuela abnegada. Su amor por el mundo era feroz y claro, y sigue vivo como un ejemplo para los que deja atrás.
Le sobreviven su marido David, sus hijos, sus nueras, cuatro nietos y cuatro queridos hermanos. Todos la echaremos muchísimo de menos durante el resto de nuestras vidas, y sentimos una profunda gratitud por haberla conocido.