Juan's obituary
Juan Chávez no solo fue un hombre bueno; fue el pilar de su familia, el abrazo seguro, la voz que daba calma y la presencia que siempre hacía sentir hogar. Amó a su familia con todo su ser, y ellos fueron siempre su razón de vivir. Deja en este mundo a cuatro hijos que hoy lloran la pérdida de su padre, pero que llevarán su amor grabado en el alma para siempre.
Juan tenía un corazón noble y sencillo. Amaba los animales, especialmente los caballos, y encontraba paz en el campo, en el rodeo y en todo lo que representaba esa vida llena de esfuerzo y libertad. Ahí estaba su felicidad, ahí se sentía completo. La música fue parte de él; lo acompañó en los momentos buenos y hoy acompaña los recuerdos que duelen al saber que ya no está.
Era un hombre que llenaba corazones sin intentarlo. Donde Juan llegaba, había risa, había calor humano. Su amor era sincero, profundo y eterno. Fue padre, suegro, amigo y guía. Le sobreviven una nuera y un yerno, a quienes quiso como hijos propios y que hoy sienten su ausencia con el mismo dolor.
Juan se fue dejando un silencio que duele y una ausencia que pesa en cada rincón. Sin embargo, su amor sigue vivo. Su familia espera con lágrimas y esperanza la llegada de una nieta, una pequeña niña que nacerá a finales de febrero. Ella crecerá escuchando quién fue su abuelo, cuánto amó y cuánto habría deseado él cargarla entre sus brazos. Desde el cielo, Juan la cuidará y la amará eternamente.
Hoy lloramos su partida, porque su ausencia nos rompe el corazón. Pero celebramos su vida, porque Juan Chávez vive en cada recuerdo, en cada canción que ahora duele escuchar, en cada caballo que corre libre y en cada corazón que aprendió a amar gracias a él. Su amor no murió… solo cambió de lugar.